La Casa Infernal de Richard Matheson

La Casa Infernal de Richard Matheson

Escrito por:  Publicado en: Libros

 

Reseña: "La Casa Infernal", de Richard MathesonHablar de Richard Matheson es hablar de creatividad y de versatilidad. Novelas, relatos, guiones, adaptaciones… en todo fue brillante, e incluso en sus peores momentos, resultaba bueno.

La Casa Infernal no es una de sus obras maestras, pero, como se suele decir, “ahí me las den todas”. Se trata, básicamente, de unremake de La Maldición de Hill House (aquí tenemos como escenario Hell House), publicada en 1971, en plena fiebre del terror demoníaco y sobrenatural a raíz de la proliferación de cultos satánicos y éxitos como El Exorcista.

Si en la novela de Shirley Jackson el lector se sumergía en una embriagadora historia donde la ambigüedad y la psicología eran las protagonistas, en La Casa Infernal la parapsicología y el terror son más contundentes, y hay poco espacio para la sugerencia, con gran presencia del sexo explícito y los golpes de efecto.

Tampoco se trata de un libro chabacano –Matheson estaba por encima de eso–, pero sí demuestra cierta tendencia oportunista hacia lo escabroso –tan de moda en los 70–, sin que realmente se haga tan necesario para enganchar al lector, ya que la opresiva ambientación y la constante amenaza del Mal en Hell House son lo más interesante de la novela.

Stephen King nunca se cansa de decir que Matheson le ha influido como pocos escritores, y es cierto que los momentos de impacto de la novela bien podrían pasar por “un King” para cualquier lector.

El desarrollo de esta historia, ambientada en días navideños, se hace ligeramente repetitivo, aunque se beneficia de la mucha información sobre lo paranormal desde dos puntos de vista: el científico (encarnado por el doctor Barrett, físico empeñado en demostrar que las casas encantadas son, meramente, una anomalía energética) y el espiritual (a través de Florence Tanner, ex-actriz y médium con fuertes creencias religiosas). Ambos puntos de vista hacen más creíble la narración, incluso si el lector no cree que estas cosas realmente pasen.

La Casa Infernal fue adaptada al cine en La Leyenda de la Mansión del Infierno (1973), cuyo guión corrió a cargo del mismo Richard Matheson. Se trata de una notable película británica –la acción transcurre en Gran Bretaña, al contrario que en la novela, donde todo sucede en Maine–, dirigida con acierto por John Hough (Drácula y las mellizas). Cuenta además con la presencia de un sólido reparto, encabezado por Clive Revill y Roddy McDowall.

Curiosamente, el film reduce al mínimo el componente sexual, centrándose más en el terror y ofreciendo al espectador una de esas inquietantes experiencias cinematográficas que fluctúan elegantemente entre la frialdad y el sobresalto, tan propias del terror cinematográfico inglés.

Sinopsis

En 1940 una expedición de cinco personas se internó en la infame Casa Belasco para desentrañar los misterios de la que era considerada como la casa más peligrosa del mundo. Sólo uno de ellos consiguió salir con vida.

Treinta años después, el millonario Rolf Randolph Deutsch contrata a cuatro extraños, entre ellos el único superviviente de la masacre de 1940, para demostrar la existencia de la vida después de la muerte. Para ello deberán pasar una semana en la Casa Belasco. La Casa Infernal les ha permitido entrar, pero ¿los dejará salir?

«De todas las novelas sobre casas encantadas, La Casa Infernal es la más aterradora que se ha escrito jamás. Destaca sobre las demás, como las montañas despuntan sobre las colinas.» Stephen King

 

Ficha editorial

La Casa Infernal

Richard Matheson

Fecha de publicación: 14/06/2011

312 páginas

Idioma: Español

ISBN: 978-84-450-7833-4

Formato: 14 x 22,5 cm.

Presentación: Tapa dura con sobrecubierta

Colección: Clásicos Minotauro

Traductor: Isabel Merino Bodes

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © Minotauro. Reservados todos los derechos.

 

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

 

 

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Saludos a todos. Hace un tiempo les había comentado sobre libros de arte y ahora he recibido este destacado y en oferta de una librería amiga en la que he comprado muchas cosas más que interesantes. Para los que gustan de artistas como Santerineros, Royo, Marc Ryden, etc. les recomiendo este libro.

Les dejo los detalles y feliz navidad para el afortunado al que se lo regalen ja ja ja

 

 

 

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Lantana, de Darío Vilas

Lantana, de Darío Vilas

LantanaNo tengo costumbre de reseñar novelas. Durante algún tiempo me metí con las películas pero resultaba sencillo porque no eran mías ni conocía a los autores ni me importaba un rábano lo que pensaran ellos de mis opiniones. Con las novelas es diferente porque, aunque por supuesto no reseño obras mías, en el fondo sí que lo son, dado que los magníficos escritores que las dan a luz son mis compañeros y amigos. Reseñar novelas ahora es un coñazo.

¿Qué pasa entonces, por qué reseño Lantana, donde nace el instinto? La respuesta es bien sencilla y tiene que ver con la fascinación que me causó el año pasado su predecesora, Instinto de superviviente. Me explico.

Soy muy mal lector de zombis, siempre lo he sido. No por ningún tipo de animadversión personal sino porque tengo, tenía, al muerto viviente por un monstruo demasiado rotundo y visual para las letras, siempre me encajó mejor en la pantalla que en el papel. Ahora sé lo equivocado que estaba y lo he descubierto, entre otros, gracias a Darío Vilas.

Instinto de superviviente me cautivó por su originalidad en el planteamiento y por lo natural de sus personajes. No sólo me encantó de arriba abajo sino que me dejó el regusto de querer saber más acerca de sus lugares y sus criaturas, lo mejor que te puede pasar al terminar una novela. Lantana, donde nace el instinto da buena respuesta a muchas de las interrogantes que surgían de aquella primera parte y, aunque resultan historias independientes y no es preciso leer una para entender la otra, sí que creo que la mejor manera de disfrutar Lantana, donde nace el instinto es conociendo primero a dónde nos va a llevar lo que en ella ocurre.

No es habitual en la literatura de zombis contar con detalle el origen del caos, normalmente esos mecanismos se narran de pasada, quizá incluso en flashback o a través de referencias más o menos explícitas. Sin embargo a mí, cotilla sin remedio, es una de las partes de estas novelas que más me interesa. Sí, no disfruto tanto el mata-mata como el por qué se arma la marimorena y cómo devolver las cosas a su lugar. Sin duda mi raíz de novela policíaca me condiciona en este sentido.

Por eso lo que he encontrado en Lantana, donde nace el instinto es pura magia. El autor tiene entre sus manos, quizá sin saberlo, una historia potencialmente más rica que ninguna otra que trate el tema zombi. Puede pegarse el lujo de disponer de una novela entera para desgranar los principios de ese caos, para llevarnos de la mano por una maraña de sucesos, de intrigas y de causas que desembocan sin ninguna cortapisa en una madre del cordero brutal y arrebatadora. Lantana nos muestra el antes, el durante y el después, nos agarra y no nos suelta hasta dejarnos a puntito para que Instinto de superviviente nos siente ahora de una manera muy distinta.

Lantana, donde nace el instinto es, por tanto, una novela muy diferente a cualquier otra del género zombi, distinta a toda película o serie que haya tocado este monstruo y desde luego muchísimo más completa. Darío Vilas se esmera en una demostración rotunda de manejo de ritmo narrativo, de contención y sobre todo de una belleza en la prosa de la que pocas novelas de terror pueden presumir. Desde las primeras páginas uno nota que está ante un libro especial, que tiene entre manos una trama tan profunda como bien argumentada, que Darío ha investigado y se ha documentado, pero que además ha medido y cuidado cada palabra y ha conseguido el resultado de embelesar con cada una de las líneas. Alucinado me he quedado al encontrar tal deleite estilístico en una novela de terror.

Por todo esto imagino que incluso el propio autor ha tenido dudas de si esta novela encajaba o no dentro del género o dentro de la línea Z de Dolmen, desde luego yo opino que su introspección, su minimalismo y su mesura enriquecen y abrigan de tal manera la historia que hace crecer en nosotros un suspense y una intriga que ya quisieran las mejores novelas de misterio. Y estoy convencido de que ese rotundo éxito al generar tensión y al torturarnos con una curiosidad insana hace que las escenas de terror resulten muchísimo más efectivas no sólo ya que en Instinto de Superviviente sino que en cualquier otra que yo haya leído de temática zombi.

Mi conclusión es que Lantana, donde nace el instinto es un disfrute apabullante tanto para los fans del zombi como para los del suspense, y que está tan bien escrita que incluso me atrevo a recomendarla para cualquiera que desee gozar con la literatura.

Lo de Darío Vilas es de asustar, de asustarnos a todos, porque pocos conseguiremos nunca escribir tan bien como él. Enhorabuena, amigo. Te odio.

fuente: http://www.xn--resea-rta.org/lantana-DarioVilas-98

Onírico, de Maximiliano Martín Gonzalez

elidiomadelospajarosRecuerdan este libro del que algo había comentado, pues bien, aquí un cuento para que lean :-)

(Los cuentos cortos constituyen para escritores modernos un campo de pruebas, un espacio en papel donde poner en tinta todo lo mejor de sí. En tanto, para su buen nombre, es la carta de presentación, una invitación a su gran obra, una llamada a lo que está por llegar.
He aquí la segunda entrega de experimentos literarios de Maximiliano Nicolás Martín González; un túmulo selecto de historia lisérgicas, fantásticas y nostálgicas al tiempo que extrañas.)

Onírico

 
Habíamos llegado hasta dónde el dolor nos pedía llegar. Era el paso previo a extinguirnos para siempre, más por deseo de destruir lo logrado que por la naturaleza misma de aquella situación. 
 
Fui mi propia aguja y mi propia carne perforada. 
 
Estaba donde tú estabas, pero no nos habíamos encontrado aún. Nos soñábamos mutuamente. En el espacio onírico veíamos nuestros rostros; sabríamos reconocerlos si nos cruzáramos, pero no nos distinguíamos del todo el uno al otro, éramos el chico y la chica del sueño. 
 
Nos amábamos, nos odiábamos y nos buscábamos pero no lográbamos interesarnos lo suficiente como para que la búsqueda, el amor y el odio valieran lo suficiente la pena como para dar resultado. 
 
Esa vez, con un ligero dolor de cabeza de por medio, decidí irme a dormir temprano. En otro de los tantos rincones del planeta no habías encontrado compañía aquella noche y decidiste dormir también a la misma hora. Entre ruidos difusos y voces resonando en el aire, una sensación de tranquilidad me apartaba al silencio. Entre tantas nubes negras, una luz se filtraba esclareciéndolo todo. 
 
Desde aquel lado, soñabas tú. Soñabas la desesperanza de no encontrar a nadie, soñabas para buscarme, para encontrarme mientras yo soñaba para dejarme encontrar. 
 
La aguja volvía a atravesar mis músculos y mi gesto de dolor llamaba tu atención. En cuanto te acercaste, la misma aguja se clavó sobre ti, sobre todas tus partes. La aguja se multiplicó por mil, te hirieron y luego me hirieron a mí. 
 
Mis nubes envolvieron las puntas hasta hacerlas desaparecer y se evaporaron en el aire, dejándome estacionado en medio de la nada. Tu luz envolvió tus puntas, hizo el mismo proceso y ambos quedamos flotando en la inexistencia del territorio. Todo era el vacío porque el vacío resultó serlo todo. 
 
Descubriste y descubrí que mis agujas eran tus agujas, que mi carne herida era envuelta por mi oscuridad y la tuya por tu luz. Tus luminarias y mis sombras cumplían el mismo objetivo curador. 
 
Nos despertamos antes de cruzarnos por última vez en la ciudad, habiendo olvidado lo soñado e incapaces de recordar ¡Qué fugaz es todo lo que parece tan eterno y cuán eterno es aquello que debiera ser fugaz! 
 
Repetí ese sueño varios días sin que tú lo repitieras. 
 
Me permitía el lujo de observarte dormida mientras tú mirabas hacia otro lejano lugar. De pronto, ya no estábamos dónde habíamos estado: el paisaje era distinto. 
 
Yo entraba a una habitación, gris, vacía, con un sólo escritorio como detalle único mientras tú revolvías las hojas de una carpeta detrás del banco. Señalas una página, me nombras y yo me acerco. Me señalas con el índice una foto entre otras tantas y regresamos al sueño anterior. 
 
Alejo las luces que comenzaban a dominarme, invoco las nubes, las tomo con mis manos y las bajo sobre nosotros. 
 
Aparezco en la habitación, releyendo archivos y entre tantas fotografías, encuentro otra. La señalo con el dedo, leo tu nombre en voz alta. Al nombrarte, te acercas al escritorio y regresamos al sueño anterior. 
 
Tomas las nubes, comienzas a alejarlas, invocas las luces, las tomas con las manos y las vuelcas sobre nosotros. 
 
El lugar cambia nuevamente: es el mismo escritorio, con un asiento a cada lado. Frente a frente nos mirábamos intentando dilucidar el misterio que ambos guardamos. 
 
Tomas la misma carpeta de los instantes anteriores, extraes una página, la guardas y me devuelves la cantidad restante. Tomo el conjunto, busco uno de los archivos, lo guardo para mí y destruyo el material que sobra. 
 
De tu página, recortas rústicamente una fotografía: es tu cara. Yo hago el mismo proceso con mi hoja y mi cara. Intercambiamos fotografías y nos desvanecemos, tal vez para siempre. 
 
Ya despiertos volvemos a vernos en la ciudad. Nos encontramos conocidos de algún lado. Nos ignoramos y seguimos nuestros rumbos, pero sabemos que no podemos sernos indiferentes. 
 
Una fotografía en mi bolsillo me demuestra que en verdad has existido. Una fotografía en tu cartera te demuestra que yo existí. 
 
Nos devolvemos, nos miramos, nos sonreímos y luego, por la noche, volvemos a soñarnos. 
 
Somos el sueño que soñamos, aunque nunca seamos nada.
[Este cuento fue Extraído de El Idioma de los Pájaros]
©Maximiliano Nicolás Martín González, 2012

Pueden ver más del autor Maximiliano Nicolás Martín González en su blog

maximiliano martin gonzalez

 

Sherlock Holmes y los zombis de Camford

Sherlock Holmes y los zombis de Camford

Sherlock Holmes y los zombis de Camford

 

 

 

 

 

Sherlock Holmes y los zombis de Camford
Alberto López Aroca

 

Reseña de Jack Moreno:

Este es el link a un interesante blog literario:  http://jackmoreno.wordpress.com/

 

Bernard Barker, colega de Holmes (aunque no tan aventajado), acude a Baker Street en busca de los consejos y servicios del famoso detective consultor. Watson está ausente debido a su reciente himeneo y es ahora el ex presidiario Otis Mercer el nuevo ayudante de Holmes, un fiel irregular que además sirve como narrador de esta aventura.

Anton Dorak es un pequeño empresario que regenta una estafeta de envíos internacionales. Desde la ciudad de Praga recibe un extraño medicamento, un elixir de juventud que ha solicitado un profesor de la Universidad de Camford, el señor Presbury. Barker fue contratado para esclarecer los sucesos que tuvieron lugar en la mansión de los Presbury a raiz de este pedido, pero su investigación se vio bloqueada ante el cariz de los extraordinarios acontecimientos que tuvieron lugar.

Sherlock Holmes acepta la petición de ayuda de Barker y junto a Mercer prepara un viaje en tren hasta Camford. Allí son recibidos por el criado de Presbury que no consigue explicar lo que está sucediendo en la mansión de sus amos, una familia muy respetada en la localidad pero sobre la que parece haber caido un terrible infortunio.

López Aroca inicia la narración de esta estupenda aventura respetando al máximo el canon holmesiano —presentación del cliente y su problema, descripción preliminar del caso y sus inconvenientes, exhibición temprana de las facultades deductivas de Holmes y una rápida inmersión en el trabajo de campo del detective— pero añade la novedad de enfrentar al genial personaje de Doyle frente a un hecho sobrenatural y en apariencia imposible de resolver.

El desafío son los zombis, unos monstruos desconocidos que Holmes relaciona inicialmente con los no muertos haitianos, y de los que intenta en vano obtener una explicación lógica y racional a su capacidad para sobrevivir a la muerte. Sin embargo, pronto descubre que lo que ocurre en Camford es diferente: una plaga desconocida y potencialmente peligrosa que puede suponer una seria amenaza para toda Inglaterra.

No obstante su omisión al comienzo del relato, López Aroca acierta al recuperar a Watson hacia la mitad de la novela, trabajando codo con codo junto a Mercer, intentando con su ciencia (autopsias) poner algo de luz sobre la inexplicable fisiología zombi, sus extraños órganos internos y su imposible sistema circulatorio capaz de poner en marcha los putrefactos cuerpos de estos seres.

Al igual que Rodolfo Martínez hizo en sus recientes pastiches holmesianos, López Aroca introduce también en un magnífico crossover a varios superhéroes de diferentes épocas y universos literarios (Wold Newton) aliados junto al Gran Detective —Seth Pride alias The Spider, Louis Crandle alias Zarpa de Hierro y Tim Kelly alias Ojo Mágico— y equipados con toda una nueva gama de armas modernas, superpoderes y gadgets tecnológicos que dejan inútiles el pequeño revólver de Watson y los escasos conocimientos de artes marciales de Holmes. En el bando contrario también hay un homenaje a viejos personajes del cómic —Mytek el poderoso, Dan Dare— y otras creaciones de escritores como H.G. Wells.

De nuevo sobrevuela la idea de la proximidad de un nuevo siglo que trae consigo toda una serie de increíbles avances y prodigios tecnológicos —helicópteros, armas eléctricas, autómatas gigantes— incomprensibles para hombres como Sherlock Holmes, personajes anclados en una era victoriana que ya está tocando a su fin.

La novela es todo un deleite tanto para los fans de los zombis como para los seguidores de Sherlock Holmes. Las escenas de investigación y deducción se entremezclan con la naturaleza esquiva de los muertos vivientes hasta concluir la historia con la esperada apoteosis zombi final.

Los horrores del escalpelo, de Daniel Mares

Los horrores del escalpelo

“Non omnis moriar”. Con esta sencilla frase se puede resumir toda la novela. Aunque claro dejándolo así sería una reseña un tanto triste y que no haría justicia a este novelón, así que tendremos que seguir menos el ejemplo de Horacio y, como carecemos de su talento, devanarnos los sesos para hacer la mejor reseña posible.

Daniel Mares, de quien no había leído nada, sorprende y lo hace con una contundencia que roza las novecientas páginas. El autor se adentra dentro de un mundo asombroso, paradigmático, lleno de contradicciones y que terminaría de manera tan brusca como había comenzado. Es decir el mundo Victoriano y lo hace de la mano de una puesta en escena verdaderamente asombrosa, plagada de calidad, de buenos detalles, de una documentación excelente y de un buen hacer que nos recrea con una facilidad absoluta las calles de Londres de finales del siglo XIX. Pediría que este libro se tradujera al inglés y se publicará en la pérfida Albión, allí obtendría un éxito absoluto porque he leído pocas novelas que recreen aquella época con tal precisión y donosura. Pondría como ejemplo esta novela sobre cómo recrear un lugar que no hemos conocido.

El autor se apoya en una documentación francamente abundante, desde los personajes, algunos reales otros ficticios, hasta personajes históricos, otros sacados de época y otros más del mundo marginal de la delincuencia de Londres, abarcando desde pequeños objetos muy del uso de la época hasta una recreación muy vívida sobre la capital de aquel imperio. Por momentos podemos sentir el ruido de aquellas calles, oler las miasmas de las cloacas de Whitechapel, percibir la pobreza, la indigencia, el dolor de algunos seres y se hace tan vívido el retrato que en algún momento si entrara alguien ataviado con ropas de aquella época y con largas patillas por nuestro salón no nos extrañaría y no veríamos nada anormal en ello.

El trabajo, por tanto, del escritor ha sido ímprobo, tomando datos de aquí y de allí para al final juntarlos en esta historia. Se percibe que el libro muestra mucho del universo del autor, de sus lecturas, de sus aficiones y también de sus intereses.

Pero la novela es mucho más, es un gran puzzle, un rompecabezas de gran calibre, al que el autor va encajando una pieza con otra, poco a poco, con paciencia supina, siendo como un río, con meandros que parecen que nos alejan de la trama principal pero en el fondo nos acercan a la desembocadura de la historia.

También el autor aprovecha para reinterpretar algunos hechos históricos, dando en algún caso una nueva visión, un elemento nuevo sobre el que recapacitar y lo hace de manera tan sutil que cuesta percibirlo, pero ahí están. Pero lo mismo que hace esa nueva interpretación también deja libre la imaginación, algo muy encomiable, dando alas a esa parte de nuestro cerebro que tan atrayente es a veces y en este caso lo es y mucho. Con gran talento rompe ligaduras, desata cuerdas y se aleja de la realidad, creando un mundo tan fantasioso como coherente, tan cercano como alejado de nosotros y tan vivo que nos parece sentir su aliento. Porque otra cosa no pero llegar a las últimas cien páginas y cuando proveemos un determinado final, el autor da un giro brusco y nos muestra lo que se venía anunciando pero que por lo menos este reseñista no supo ver. El último centenar de páginas son antológicas, mostrando donde puede llevarnos la imaginación y lo divertido que es ese camino. Tengan paciencia si asumen esta lectura porque conforme avanza mejora.

La prosa del autor es contundente, un tanto sujeta a la época en la que circunscribe la novela, pero un hecho que es de agradecer porque nos muestra a un buen escritor, alguien capaz de narrar con maestría y fabular aún con mayor garbo. Sirva como ejemplo:
“Paseamos por Whitechapel Road contemplándolas, viendo cómo se exhibían impúdicas y cómo hombres aún más despreciables se les acercaban. ¿Qué ven en ellas? ¿Qué clase de hombre puede querer intimar con criaturas como esas? De toda condición. Había militares de fiesta, y hombres que habrían abandonado a sus mujeres e hijas en casa para gozar con las concubinas de Satán, esos súcubos patéticos y desdentados, hediendo a ginebra y a glutinosos fluidos corporales masculinos recién vertidos sobre sus repugnantes receptáculos del pecado.” Pag. 199

La narración y parte de la trama nos recuerdan a novelas de otra época, cuando no existía la prisa por contar una buena historia, cuando los escritores tenían su tiempo, su manera de narrar y en ella nos sumergíamos, sin prisa, disfrutando y dejando que el autor nos llevara a un lugar o a otro, a un campo de batalla o a un oscuro callejón de alguna ciudad inglesa, recuerda y mucho a autores como Dickens o Victor Hugo, salvando las distancias claro está, autores que el propio escritor cita y a los que le sumaría una buena cantidad de escritores de dicha época, en especial, algunos párrafos y tramos de la historia me han recordado a Wilkie Collins.
La edición es encomiable, aportando mapa, personajes y fechas. Cabe destacar el esfuerzo de la editorial al editar dicha obra, a la que tal vez no le hubiera venido mal una edición en dos tomos, pero que como lector no puedo menos que agradecer el esfuerzo de presentarnos íntegramente esta historia.

En resumen una muy buena novela, bien contada, bien estructurada y apasionante. Parece mentira pero la cantidad de páginas no hacen pesado el relato, al contrario, a partir de la cincuentena la lectura se vuelve de una agilidad asombrosa y hace que devoremos el contenido de la novela con fruición. Me gustaría poder leer más novelas de este tono, con esa paciencia a la hora de narrar una historia, con ese buen hacer en la trama y con esa manera de arrastrarnos página tras página por una realidad tan interesante como adictiva.

Los horrores del escalpelo

Editorial: Grupo Ajec
Autor: Daniel Mares
Páginas: 827
ISBN: 978-84-15156-12-3

El Idioma de los Pájaros, Maximiliano Nicolás Martín González

Luego de las críticas a mi último post, voy a mejorar el tiro, y qué mejor con un libro nuevo, tanto que todavía no está a la venta en ningún lado. Clarita tiene sus fuentes y las usa, ja, ja, ja. ¡No mentira, no me crean!

Maximiliano Nicolás Martín González

EL IDIOMA DE LOS PÁJAROS
Maximiliano Nicolás Martín González

 Los cuentos cortos constituyen para escritores modernos un campo de pruebas, un espacio en papel dónde poner en tinta todo lo mejor de sí. En tanto, para su buen nombre, es la carta de presentación, una invitación a su gran obra, una llamada a lo que está por llegar.

He aquí la segunda entrega de experimentos literarios de Maximiliano Nicolás Martín González; un túmulo selecto de historias lisérgicas, fantásticas, nostálgicas al tiempo que extrañas. Un compilado de cuentos cortos en el que nuestro autor nos presenta su laboratorio y nos advierte sobre lo que ha creado para nosotros.

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Ficha:
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Género: Narrativa/Cuentos
Autor: 
Maximiliano Nicolás Martín González 

Año: 2012
Editor: 
Ciervo Rojo Editor
Páginas: 52

Disponibilidad: 
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